Clodovaldo Hernández /// Dante, el desburocratizador | Diario Ojo Pelao

Rivas deberá montar una estructura (no burocrática) para combatir el burocratismo
Se sabe que va a ser difícil para Eulogio Delpino escribir la historia de la Pdvsa post-Ramírez.

Y se sabe que va a ser difícil para el canciller Ramírez asumirse a sí mismo sin Pdvsa; y que será un reto para Jaua dejar la alta política mundial para meterse de cabeza en las comunas. Pero tal vez no haya ninguna tarea más complicada que la de Dante Rivas, el funcionario que deberá montar una estructura (no burocrática, se supone) para combatir el burocratismo y la permisomanía.

La labor es complicada porque de entrada parece un contrasentido. Eso de establecer un ente centralizado para controlar a todos los otros organismos que exigen documentos y trámites a los ciudadanos hace pensar -quiérase o no- en paradojas siniestras.

La tarea del novísimo despacho denominado Autoridad Única para Trámites y Permisología no será nada sencilla porque se trata de combatir una enfermedad que se multiplica con una facilidad asombrosa. Además, está demostrado que es altamente contagiosa para quienes pretenden combatirla, cual virus infernal que se ensaña contra el personal médico y de enfermería. Basta poner un departamento de simplificación de trámites para que las planillas y los sellos se reproduzcan en escala geométrica. Lo que suele sucederles a los encargados de estas misiones (¿imposibles?) es lo mismo que al predicador antialcohólico que entra a un bar a rescatar almas descarriadas y sale del sitio cayéndose de la borrachera.

La esperanza de que Dante, el gran desburocratizador, logre desburocratizar a la burocracia de burocraciolandia descansa en buena medida en el prestigio que adquirió el funcionario tras haber logrado domar dos fieras mitológicas de la permisería perniciosa: el Saime y el Instituto de Tránsito Terrestre. En ambos casos, se trataba de organismos terriblemente maleados, con mafias reinantes que hacían de sacar la cédula, el pasaporte o la licencia de conducir verdaderas ordalías para quien quisiera seguir los pasos regulares. Rivas convirtió esto en un asunto de alta tecnología con citas agendadas en línea, gente educada en las oficinas y usuarios boquiabiertos que salían del lugar con su documento en la mano.

Se nota que el presidente Maduro sacó una cuenta sencilla: si Rivas pudo con ese par de aberraciones institucionales, debe dominar cualquier otra monstruosidad. Resulta una apuesta razonable, aunque es prudente advertir que Rivas tampoco es que haga milagros. Solo cabe esperar que no nos toque ver, dentro de algunos meses, una larga cola de gente angustiada, con carpetas y sobres manila bajo el brazo, esperando turno para sacar su megapermiso en la oficina de la Autoridad Única contra el exceso de permisos. Eso sería demasiado dantesco.

clodoher@yahoo.com

Clodovaldo Hernández /// Dante, el desburocratizador | Diario Ojo Pelao.

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